Todo pasa por Algo!

 
 

Todo tiene razón de ser
Algunas veces, las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de ser así, para servir un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quienes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar.

Nosotros no sabemos quiénes son estas personas, pero cuando fijamos nuestros ojos en ellas, sabemos y comprendemos que afectarán nuestras  vidas de una manera profunda.

Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero en realidad entiendes que si no superas estas cosas nunca habrías realizado tu potencial, tu fuerza, o el poder de tu corazón.


Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por la suerte… Enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de puras tonterías, todo ocurre para probar los límites de nuestra  alma.


Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada, suave y lisa. Una carretera directa sin rumbo a ningún lugar, plana, cómoda y segura, más empañada y sin razón.


La gente que conocemos afecta nuestra vida; las caídas y los triunfos que experimentamos crean la persona que somos. Inclusive aprendemos de las malas experiencias.
Es más, quizás sean las más significativas en nuestras vidas.

 


Si alguien nos hiere, nos traiciona o rompe nuestro corazón, le damos las gracias porque nos ha enseñado la importancia de perdonar, de dar confianza y de tener más cuidado de a quien le abrimos nuestro corazón.


Si alguien nos ama, lo amamos también no porque él o ella nos ame, sino porque nos han enseñado a amar y a abrir nuestro corazón y nuestros ojos a las cosas pequeñas de la vida.


Hacemos que cada día cuente y apreciamos cada momento, además de aprender de todo lo que podemos, porque quizás más adelante no tengamos la oportunidad de aprender lo que tengamos que aprender de este momento.

Eso es lo grandioso de la vida, podemos equivocarnos, caer y volver a levantarnos, así que permitámonos enamorarnos. Liberarnos y poner la vista en un lugar bien alto.
Mantengamos la cabeza en alto porque tenemos todo el derecho de hacerlo. Repitámonos a nosotros mismos que somos unos individuos magníficos y creámoslo; si no creemos nosotros mismos nadie más lo hará tampoco.

 

Creemos nuestra propia vida, encontrémosla y luego vivámosla… No olvidemos que Dios tiene un plan maravilloso para cada uno de nosotros, y debemos aprender a descubrirlo.

 

 

Solo Dios sabrá que pasa con nosotros….

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